Monday, May 15, 2006

El Toque Bofill-Noarde

Reflexión artística, sentido lúdico y conciencia moral

Una valoración del Dr. Henry Jekyll, profesor de la Universidad de Kinsahsa y miembro de la Academia Europea de Artes Multimediáticas Avanzadas.


En una entrevista reciente que el autor de estas líneas mantuvo con Xavi Bofill y Andrés Noarde, las dos cabezas visibles del proyecto Eurekia, me citaron la conocida máxima de Baudelaire: "Hay que ser sublime sin interrupción". Matizaron que esa frase es un divisa claramente eurekiana y que su intención es hacerla servir como motor de su propia obra y sus actos, pero desde una perspectiva no sólo artística y lúdica sino también de concienciación moral.


El autor de estas líneas está, en principio, de acuerdo con el análisis de ambos colosos del pensamiento occidental y, modestamente, se ofrece a aportar su granito de arena. Sé de la querencia de Xavi Bofill y Andrés Noarde por el nombre de Eurekia y por la conceptualización eurekiana, pero yo me voy a permitir aportar una nueva terminología para describir y analizar su obra en las próximas líneas. Voy a hablar de la existencia demostrable de un toque, el Toque Bofill-Noarde en todo el proceso. Con ello pretendo reforzar el concepto de autoría y popularizar el nombre de ambos creadores de una obra tan fundamental como necesaria. Así pues, Eurekia serán Bofill y Noarde creando, vehiculando la creación artística y siendo a la vez signo y síntoma del estado de las cosas.
Es una constatación al alcance de cualquiera: el proyecto del que hablamos es una reflexión moral del nuevo milenio, una conciencia crítica del estado avanzado del capitalismo y también una reflexión lúdico-teórica de la praxis conceptual. No hay visión más radical, libre, transgresora y postmoderna que la de Eurekia. El Toque Bofill-Noarde existe y no es una mera paradoja para iniciados. Ambos son chamanes de la conciencia, revulsivos morales del hombre contemporáneo.
He sido uno entre muchos de los sujetos artísticos compelidos por la genialidad del dúo eurekiano. Nunca me he sentido más yo, más yo en ellos y con ellos, que como copartícipe voluntario de esa performance radical, de ese acto ético y lúdico eurekiano. Cuando saltaba bajo la cámara vital no sentía que me estuvieran fotografiando sino que dictaban máximas morales, máximas de vida y expresión artística, radicalidad de sentimientos, conciencia de clase no marxista ni capitalista sino postgrupal y dadaísta.
El Toque Bofill-Noarde es también sinónimo de escritura de la realidad de forma transformadora y creadora. En este sentido el impulso creador utiliza la técnica para transgredir los límites del tiempo y del espacio. No hay pasado ni futuro en una fotografía eurekiana. Sólo es devenir, el ahora, la mónada primordial, el elemento puro hecho acto, actuando precisamente, interactuando cual una elementalidad del yo, y coactuando, haciendo que su feed-back retroalimente una y otra vez la naturaleza de la obra, considerada ésta como producto resultante.
Bofill y Noarde son conscientes de su zeitgeist, de su situación temporal y de su contexto cultural y antropológico. No son artistas, o mejor, no son sólo artistas; no son creadores, o mejor, no son sólo creadores; no enseñan a jugar, o mejor, no sólo enseñan a jugar. Son todo eso y mucho más, marcan la realidad a fuego y fijan el tiempo a martillazos.
Cierto que hay críticos y público que consideran el Toque Bofill-Noarde y el proyecto eurekiano como una cáscara vacía, palabrería insustancial a nivel conceptual, en definitiva, un mero excipiente. Resulta extraño a estas alturas del tercer milenio tener que explicar lo obvio: que la condición humana (y el arte forma parte de la condición humana) será postmoderna o no será nada. Uno, crítico o público, sujeto posiblemente pensante, es libre de seguir aprendiendo como un esclavo cuando tiene a su alcance todos los elementos para ser librepensador y creador radicalmente comprometido. El proyecto eurekiano es una praxis y una filosofía a la que podemos acercarnos todos, no hay dogmas, no hay mandamientos, no hay leyes artísticas: no definitivamente a la tiranía de los críticos. Ni siquiera mi propio comentario debe entenderse más que como una mera aportación, una más y no necesariamente la más significativa. Estamos en el reino del “do it yourself” y todos podemos actuar o negarnos a hacerlo. En ambos casos siempre en eurekiano.
No sé si cabría deducir de todo ello que el Toque Bofill-Noarde es el toque de dos genios en estado puro que están derramando su incandescente lava creativa sobre los cráteres abiertos de ciudadanos autoconscientes y también de obsoletas momias conservadoras. No hay discriminación en la exposición eurekiana, sí en cambio pueden haber prejuicios adicionales. Pero la libertad en última instancia es un regalo, y Bofill y Noarde son un nuevo Prometeo dual que ha bajado el fuego de los cielos para entregarlo a gente exigente, radicalmente moderna e inconformista a nivel creativo.
El momento de aceptar el Toque Bofill-Noarde, el pensamiento eurekiano, es ahora, no dentro de unos años cuando el Macba les abra sus puertas en una retrospectiva. Ello puede ser un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. En definitiva: Eurekia para las masas.

Dr. Henry Jekyll
Barcelona, abril de 2002

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